El mundo de Deus Ex Nuke

Los historiadores han rescatado, con el paso de los siglos, incontable material de antes del Apocalipsis entre el que se encuentra todo tipo de mapas de tierras más allá del Páramo, pero sólo se conocen más que el nombre de tres de ellas y una ni tan siquiera se sabe si existe o es un mito.
Están las tierras del Norte, poco receptivas a las visitas y plagada de tribus de ogros dispersas en constante lucha entre sí.
Cruzando la Ruta del Petróleo, una garganta como una serpiente llena de peligros y tan larga que pocos se atreven a afrontarla, está el Lejano Este, con la blanca Edén brillando como un diamante en su centro. En la ciudad de los robots, el populacho se muere de hambre y la élite toma tortillas y batidos de nuke por mero entretenimiento. Mientras, en el desierto, los libertarios sueñan con la caída del paraíso.
Otras dos fronteras naturales separan y aíslan el Páramo del exterior. Por un lado, la Gran Salina se extiende inabarcable y misteriosa. Las leyendas sobre el Diamante del Desierto alimentan la avidez de los cazarrecompensas, pero el rumor que habla de la primigenia criatura que lo habita disuade incluso a los más valerosos de intentar conseguir la preciada joya.
Al sur, el Bosque Rojo emana tanta radiación  que hace impracticable el avance entre sus fantasmales árboles. Este tétrico sitio es el hogar de innumerables y perversos fuegos fatuos y toda clase de horribles monstruos.
Pero el eje de todo, el centro y el culo del mundo, donde todo es posible y todo puede suceder, es Metrópolis, que se levanta destartalada en medio del tenebroso Páramo. La megaciudad se derrumba lenta pero inexorablemente mientras el Arrabal adyacente crece a una velocidad inversamente proporcional.
En el sector este, la única porción en buen estado, viven los ricos, las putas y los temibles soldados de la Cruz Escarlata. Los arrabaleros habitan en casas de adobe, planchas de metal y ladrillos a las afueras, expulsados de sus hogares por el Plan de Reubicación para Mejoría de Calidad del Ciudadano con Bajo Poder Adquisitivo del fallecido gobernador Wallace. Esto ha ocasionado una importante y visible disminución de la capacidad intelectual y racional del arrabalero, que ha abandonado la lucha por sus derechos a favor de la cerveza, los toros y las peleas de Corredores.
Junto al Arrabal se encuentra el Vertedero, que como su nombre indica, se trata de un basurero, donde sólo viven los criminales fugados y los que no desean ser encontrados. 
La Zona Fantasma, la verdadera metrópolis, es el hogar de los Revientacalles y de infinidad de peligros. Sólo unos pocos osan aventurarse entre sus silenciosas calles: los Rapiñadores, un grupo de exploradores y buscadores de tesoros que hacen lo que pueden por recuperar los vestigios de la Edad de Acero.
Por último, la Tierra Prometida alimenta los sueños y las esperanzas de los pobres. Se trata de un lugar legendario donde se dice que todo es verde y los bosques llegan hasta donde abarca la vista, el aire es puro y millares de ríos surcan la tierra. Nadie sabe dónde está, ni siquiera si existe. Los más aventurados la sitúan «allá donde Gea tiene su morada», y los menos atrevidos se preguntan que qué gilipollez es ésa.

2 comentarios:

  1. me recuerda mucho al juego Jak and daxter.

    Que si el bajo arrabal, que si el vertedero, la ambientacion, me recuerda mas a ese juego que a fallout o otro similar. es como si hubieses jugado al Jak and daxter, y te hubieses puesto a escribir inspirado por el juego.

    Aun asi, he de decirte que me encantas, mucho muchisimo. espero que de aqui te salga una gran trilogia, almenos ^^

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    1. Buenas, Medusa, ¿Jack and Daxter? No, nunca he jugado XD. La mayor inspiración es Final Fantasy 7 (Midgar y los suburbios); luego cómics como Gumn (Alita, el tema del Vertedero, por ejemplo); y películas tipo Mad Max o Robocop (de esta última viene lo de la droga "nuke"). Creo que me olvido algo más.

      Me alegra que te guste. Ojalá escribiese mejor para ofrecer un relato decente, pero prácticamente voy aprendiendo con Deus Ex Nuke. Ahora retomé el relato y voy poco a poco, pero espero no volver a detenerme, porque llevo ya dos años y aún me queda la mitad por lo menos, y voy lento, muy lento, demasiado lento, ¡y quiero acabar ya!

      Un abrazo.

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