10 jul. 2014

DEN 2. 32-Flint

Jack miró hacia donde el mecánico apuntaba con el dedo: efectivamente, era el gremlin que se había cargado a un hombre frente al bar. Fumaba de una larga pipa en un rincón del local, solo. Vestía unos raídos vaqueros cortados a medida y un poncho que había perdido sus colores. Sólo algunos retazos de rojo difuminado podían apreciarse a la luz de la lámpara de su mesa. Un sombrero de ala demasiado ancho —parecía llevar una sombrilla sobre su cabeza— terminaba por poner el punto final a una estampa muy peculiar. Su revólver yacía sobre la mesa y una ballesta con culata de escopeta y resortes, cajas y engranajes colgaba de un perchero de pared. Había también algunos virotes junto al revólver, con curiosas puntas en forma de globo. Gea sabría para qué puñetas servirían esos proyectiles.
—¿Eres Flint? —Jack se puso en tensión, pues ya lo había visto en acción.
—¿Quién pregunta? —Su aguda y rasposa voz era como una espina que hurgaba en los oídos de Jack. Acercó su mano al revólver con naturalidad.
—Me llamo Jack. Busco a Nina —respondió Jack, y cuando la mencionó notó que el gremlin fruncía el ceño, inquisitivo, y que el pelo marrón de sus codos se rizaba.
Koral entró en escena, cada paso una invitación a la gresca, tratando vanamente de impresionar.
—Leon…
Flint agarró el revólver y apretó el gatillo, pero Jack acertó a darle un manotazo apartando el cañón de su dirección y evitando que la bala perforara el estómago de Koral. Reventó una lámpara, y todo el bar empuñó las armas. Barry cogió la Winchester que guardaba bajo la barra —no iba a permitir que agredieran a Jack, aunque fuese alguien tan peligroso como Flint—, pero el gremlin estampó en el suelo una pelota y un humo rojizo se expandió por el local.
—¡Maldito imbécil! —recriminó Jack a su compañero, tosiendo—. ¿Cómo se te ocurre mencionar a Leon? ¡Corre, joder, no podemos permitir que escape!
—¡Jack, toma! —Barry le lanzó su arma y se puso una máscara de gas que guardaba bajo la barra. El barman lo guardaba todo debajo de la barra.
Un tapón se había formado en la entrada, los clientes luchaban para salir de allí. Koral tomó carrerilla y brincó por encima de todos, pisando cabezas y salvando el obstáculo. Jack, anonadado, lo imitó, o lo intentó, dándose de morros con la espalda de un ogro. Volvió a probar, lanzó el arma fuera y saltó sobre el ogro, gateando por encima de las cabezas y recibiendo algún que otro puñetazo. Cayó de espaldas fuera del bar, levantando una nube de polvo. Corrió tras el mechón de pelo rojo que doblaba por la izquierda. Koral corría a unos veinte metros por delante, esquivando carros y llamas y niños porculeros. Flint se hallaba por lo menos al doble de distancia, pero el mecánico le ganaba terreno. Jack ya había aprendido que, a pesar de ser algo cobarde, en cuanto se le azuzaba con algún grito, Koral perdía el miedo y hacía lo que se le decía con rápida obediencia. Aceleró, tratando de apuntar a Flint con el rifle. Los transeúntes se apartaban para no ser arrollados por el trío, profiriendo insultos y haciendo cortes de manga. Ya estaban pisándole los talones al gremlin cuando Flint disparó con su ballesta a la viga de una casa y un virote con una fina cuerda atada a él salió despedido clavándose en ella. Accionó otro dispositivo y la cuerda comenzó a recogerse, tirando del gremlin y haciéndolo elevarse por los aires, dando una vuelta al poste de madera y aterrizando con los pies encima. Arrancó el virote y retomó la carrera como alma que lleva el diablo por los tejados de las chozas de adobe a la vez que efectuaba algunos disparos hacia ellos. Las balas no acertaban en la oscuridad, pero impactaban peligrosamente cerca. «El jodido gremlin es bueno, muy bueno», se decía Jack. Y si él se detenía para dispararle, no lo atraparía nunca. Gritos de sobresalto, y tiros provenientes de media docena de arrabaleros perturbaban la noche. Jack comenzó a pensar que todo estaba perdido cuando, al girar una esquina, Flint saltó a otro tejado con la mala suerte de quedarse colgado en el borde sólo por sus pequeñas manos.
—¡Tú!
Koral le lanzó una piedra del tamaño de su mano, acertándole en el cogote. El gremlin cayó sobre el toldo de un puesto de tintes y sobre las mismas cajas y botellas que guardaban la preciada mercadería. Algunos cristales se rompieron y el tinte se le cayó encima, manchándolo de arriba abajo de rojo, azul y naranja. El dueño del puesto atizó con saña al gremlin con una escoba. Jack tuvo que detener al dueño del puesto antes de que lo matara.
—¡Este bastardo lo ha destrozao tó, el pan de mis hijos! —bramaba el hombre.
—Permítanos dos minutos con él, ¡se lo ruego! —le imploró Jack, sin apartar su arma de Flint—. Luego será todo suyo.
Entretanto Jack trataba de amansar al mercader, Koral le había estado registrando el zurrón al gremlin, y leía una carta.
—¡Dime dónde se esconde esa bruja! —exigió Jack al gremlin.
—¡No vas a sonsacarme nada! —Flint hizo una pedorreta con la lengua. Jack lo cogió bien del cuello, cerrando cada vez más la mano como si fuera una tenaza—. Ge te jogan. ¡Ugh!
—¡Dime dónde cojones está la puta de tu amiga o te juro que…!
—Jack —lo interrumpió Koral.
—¿Y tú qué quieres? —refunfuñó Jack.
—Pues que no hace falta que lo sigas con él.
El mecánico le enseñó la carta, el nombre de Nina firmaba el remitente. Jack la cogió y leyó sin soltar al gremlin: «Flint, tenías razón. No puedo seguir con esto. Tendría que haberte hecho caso cuando me lo advertiste. No sé si será demasiado tarde. He decidido tomar un camino aún más difícil: voy a buscar el Diamante del Desierto. Sé lo que estás pensando. Estoy loca, ¿verdad? No me sigas, por favor. Y no te preocupes por mí, si alguien puede hacerlo soy yo. Estaré bien. Volveré en unos días. Pero si algo me pasa, cuida de él».
—¿El Diamante del Desierto? ¡No es más que una leyenda, esa mujer está chalada!
—Me cago en tó lo que se menea. —Koral se echó las manos a la cabeza—. ¿Se ha ío a la Gran Salina? ¡Ay, bien majara que está!
No temieron darle la espalda al gremlin, pues el mercader, furioso, reanudó su castigo a base de palos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario