3 jul. 2014

DEN 2. 26-Reservado derecho de admisión

Como Jack sospechaba, Leon decidió seguir usándolo en su guerra contra el nuevo gremio traficante, contra aquel otro bastardo del que sólo se sabía el nombre. Unas horas después del corto interrogatorio y habiendo dejado las armas en el taller —por lo visto, estaba prohibido en Metrópolis—, Jack se personó con Koral ante los guardias de la entrada de la ciudad, los simpáticos que le habían escupido en la bota y mandado a la mierda.
—¿Éste no es el chulo del otro día? —preguntó un guardia al otro.
—¿Cuándo?
—Hace cosa de una semana. ¿No te acuerdas?
—Creo que te equivocas. Debía de ser Locke quien hacía guardia contigo. Hace una semana yo estaba tomándome unas vacaciones.
—Ah… Oye, ¿te conozco?
—Creo que no —dijo Jack.
Se percató de que actuaba de manera infantil, como un completo idiota, suplicando en silencio que el guardia no lo reconociera y lo dejara en ridículo delante de Koral. Sacó los dos pases que Leon le había dado y se los mostró.
—Necesitamos entrar.
—A ver. —Un guardia revisó los papeles y el otro los registró de arriba abajo—.Os abro.
Entraron por la estrecha portezuela que había a un lado del gran portón de acero. Jack, alterado, se giró: el guardia seguía escrutándolo, intentando recordar si era él el tipo que seis días atrás pidió entrar con todo el morro.
—Desde que la Cruz Escarlata está aquí, a esta entrada la llamamos la Puerta de los Cobres —le dijo Koral—. Porque sólo el dinero pué hacerte entrar.
—¿Por dónde empezamos?
—Pues no sé. Hace años que no piso este lugar.
—¡Eh, pordioseros! —Un guardia los detuvo. Su uniforme era blanco, como el de los de la entrada, pero llevaba unas enormes hombreras rojas y una escopeta automática—. ¿Cómo habéis entrado aquí?
—Tenemos permiso —dijo Jack.
—No me lo creo —El oficial les arrancó los pases de las manos—. ¿A quién se los habéis robado?
—No se los hemos quitao a nadie —protestó Koral.
—¿Esperas que me crea que dos mendigos como vosotros tenéis permiso para deambular por Metrópolis?
—¿Por qué no? —dijo Jack con sorna.
—¡Jodido vacilón!
—¡Eh! ¿Qué pasa aquí? —Otro guardia, más viejo, se presentó.
—Estos tipos, señor, le han debido de robar estos pases a algunas buenas personas —se explicó el oficial de las hombreras rojas, tendiéndoselos.
—Estos permisos son correctos —sentenció el guardia viejo.
—Pero…
—¡Largo, oficial! Estos pases son de papel de mala calidad. Leon los utiliza cuando quiere mandar a los desgraciados a algún encargo. Les pone un sello si se trata de gente importante.
—E-está bien, señor.
El oficial se largó con la cabeza gacha.
—Podéis circular —les ordenó el viejo.
—¿Van a estar parándonos cada dos por tres?
—No, me encargaré de ello —respondió el guardia.
—¿De qué conocerá a Leon? —preguntó Koral una vez continuaron su deambular sin rumbo por Metrópolis.
—No lo sé, pero Leon debe de ser importante —sospechó Jack—. Tiene paso libre para entrar aquí, incluso puede hacer entrar a quien le viene en gana. La Cruz Escarlata lo conoce, y él conoce a Yak’i. Todo esto me da muy mala espina.
—Bueno, supongo que, siendo quien es y encargándose de que el nuke llegue a toas partes, es lógico que sea conocío.
—No, hay algo más. Aunque no sé el qué.
—¡Hola, guapetones! —Unas mujeres fumaban en una esquina—. ¿Queréis pasar un buen rato?
—La duda ofende —soltó Koral, comiéndose con la mirada a una rubia exuberante.
—Koral.
—¡Míralas, Jack! —insistió Koral, excitado.
—Tenemos cosas importantes que hacer.
—¿Qué es tan importante como para que prescindáis de un ratito de placer con nosotras? —La otra puta, una morena alta y con un culazo como un portaaviones rodeó con sus brazos el cuello de Jack.
—Qué blandito… —Koral aprovechó para palparle el trasero.
—Nina, la cazarrecompensas; ella nos interesa, no vosotras —dijo Jack quitándose a la morena de encima.
—Vaya, Nina. Pues dejad que os diga que ella de puta tiene lo que yo de virgen.
—¿La conocéis?
—Suele venir a vernos al Jardín del Placer —dijo la rubia—. Se ha ganao el favor de Madame Poppine. Nuestra señora se ha encaprichao de ella y le dispensa los servicios gratis, desde putos a masajes. Se ha enamorao, diría yo.
—Vamos, Koral.
—Jo…
—¡Eh, venga!, ¡venid aquí! ¿Una chupadita? ¡Mirad qué lengua!

No hay comentarios:

Publicar un comentario