30 jun. 2014

DEN 2. 23-Pelea de tres

—¡Corre, Koral!
Jack se lanzó a por su escopeta, que se había caído cuando Mart lo levantó, y disparó. Uno de los ogros se desplomó aullando. Corrieron todo lo rápido que sus piernas les permitieron. Del puesto de guardia surgió una docena más de ogros. Detrás, delante, a los lados y sobre ellos llovían balas de todas las armas posibles. Por suerte, los ogros no eran conocidos por su puntería, la cual, además, se hallaba bastante mermada por el mono de nuke que padecían. Mart, en especial, era incapaz de sostener con firmeza su fusil. Acabó estrellándolo contra el suelo, dispuesto a resolver la situación con sus propios puños. Por desgracia, por lo que sí eran conocidos los ogros era por su complexión atlética. Característica que quedó patente cuando el enorme corpachón de Mart se puso a la altura de Jack, propinándole un manotazo que logró esquivar a duras penas. Pero el movimiento le hizo trastabillar y recibió otro puñetazo que sí acertó, partiéndole el labio. Se golpeó la nuca contra el suelo y la vista se le nubló.
El jefe de los ogros lo cogió por la gabardina y lo alzó, balanceó, y arrojó hacia un vagón con la intención de estrellarlo contra él. Por fortuna, Jack cayó dentro. Cuando Mart subió al vagón, los perdigones de una escopeta le acertaron de pleno, destrozándole la dura coraza y empujándolo hacia atrás. Koral sostenía tembloroso el arma de Jack, a bastante distancia, y miraba hacia los ogros que venían en ayuda de su líder.
—¡Koral, por lo que más quieras, corre!  
—No p-puedo, me tiemblan l-las piernas —tartamudeó el mecánico devolviéndole la escopeta.
Jack le obligó a correr, y Koral corrió. Los gritos y bramidos de los ogros les llegaban con un ensordecedor eco que hacía temblar el túnel y desprender cascotes. Al avistar la pared de escombros donde los reptadores los atacaron, medio centenar de aquellas masas informes taponaban la puerta lateral y el vagón aplastado.
—¡Mierda, esta vez estamos perdíos! —Koral se llevó las manos a la cabeza.
Los ogros llegaron por detrás, y al verlos, los reptadores se relamieron y brincaron hacia ellos. Jack le disparó a uno y se tiró al vagón, siguiendo los pasos de Koral. Las abominaciones reptantes, viendo el peligro inmediato en los ogros, se lanzaron a por ellos sin prestar atención a los dos humanos que huían por el vagón, que se combaba de manera alarmante.
Los gritos, tiros, maldiciones, bramidos y chillidos de la lucha causaron un temblor en el túnel. Cuando cruzaron al otro lado, Jack se dio la vuelta y vio al malherido Mart y a sus ogros destrozar, estrujar, golpear y acuchillar a la marea de reptadores que se les echaban encima, mientras los escombros y cascotes acababan por aplastar del todo el vagón de tren y sellar el paso.

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