27 jun. 2014

DEN 2. 21-En el túnel

La oscuridad era palpable y las escaleras parecían no acabar nunca. Tras unos eternos minutos, los dos pequeños círculos de luz de las linternas que llevaban terminaron por mostrarles el final. Jack examinó la estación, espaciosa, con varias hileras de columnas que soportaban un techo resquebrajado que bien podía desplomarse en cualquier instante. Entre ellas había una serie de raíles que se perdían por donde la luz no alcanzaba.
—Qué oscuro está tó —murmuró Koral.
Avanzaron en completo silencio. Jack, de todas maneras, no tenía nada que decir. Koral, en cambio, ardía en deseos de sacar cualquier tema, por muy irrelevante que fuera, para romper ese silencio intolerante que envolvía el túnel. Por otra parte, no quería arriesgarse a despertar a los horrores durmientes que pudieran habitar allí. Ya había tenido su ración por la noche. Así pues, mantuvo la boca cerrada, con los nervios a flor de piel y los sentidos prestos a cualquier sonido, movimiento u olor extraños.
Poco después se detuvieron, el túnel estaba cortado por los escombros de un reciente derrumbe. El polvo aún flotaba en el ambiente y una clara luz bañaba los restos machacados de un vagón de tren que cruzaba hacia el otro lado.
—¿Vamos a pasar por ahí? —Koral lo veía muy arriesgado.
—No tenemos otra opción.
Jack se subió al vagón y caminó de cuclillas. La mochila le iba a quebrar la espalda. Los hierros del armazón crujieron a su paso de manera alarmante. Oyó un sonido borboteante, seguido del de algo que se deslizaba con torpeza, y retrocedió.
—¡Koral, échate para atrás!
—¿Qué?
Jack le dio un empellón y el mecánico cayó del vagón farfullando toda clase de insultos y maldiciones. Le quitó el seguro a la escopeta y bajó también mirando a Koral con cara de pocos amigos.
—¡Perdón, perdón! ¡Era una broma! ¡Ná de lo que he dicho es verdad! —lloriqueó Koral desde el suelo.
Jack se giró y disparó al amasijo de carne que apareció en el vagón, reptando hacia la oscuridad. El cartucho humeante cayó por un lado.
—¿Qué era eso? —Koral tenía los ojos abiertos como platos. En dos días estaba conociendo a toda la fauna autóctona del Páramo.
—Un reptador. Es como un escorpión sin patas, con dos muñones puntiagudos como únicas extremidades y todo carne y tendones —le explicó Jack, dándole la mano para que se levantara—. No debiera estar aquí, es una criatura de la Zona Fantasma. Debemos…
—¡Jack!
Un reptador brincó desde los escombros y se arrojó sobre él, enganchándose en su rostro. Jack forcejeó, tratando de quitárselo de encima, y el monstruo lo aguijoneaba con la cola, acertándole varias veces en el pecho. El borboteante sonido de docenas de aquellos repulsivos seres inundó el túnel. Koral miró atónito los contornos aún más negros que la oscuridad que se acercaban como una ola desde el otro lado del vagón y, desesperado, atisbó la forma de una puerta lateral que no habían advertido a la escasa luz de las linternas.
—¡Jack, por aquí! —Koral la abrió.
—¡Las mochilas!
Jack logró quitarse de encima al reptador. Lo destrozó de un tiro, convirtiendo el amasijo de carne viva en verdadera pulpa sanguinolenta, y fue tras los pasos de Koral, recogiendo las dos mochilas que habían caído al suelo.
Cerraron la puerta con un sonoro golpetazo. Los monstruosos seres se agolparon detrás, lanzándose uno detrás de otro contra el cristal de la ventanilla, haciéndola crujir y manchándola de babas y sangre. Pronto la romperían y entrarían en masa.
—¡Aquí hay otra!
Acabaron en una habitación, encerrados, pero con la certeza de que los reptadores no podrían tirar la pesada puerta, la cual atrancaron con mesas y armarios. Jack se despojó de la gabardina y se toqueteó el pecho.
—¿Estás herío? —se preocupó Koral.
—No, por suerte no ha atravesado el cuero. —Jack hundió un dedo en los hoyuelos de la gabardina—. Si hubiese llegado a darme con el aguijón, me habría quedado paralizado…

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