18 jun. 2014

DEN 2. 14-Liz

—Soy Koral, el mecánico. Quisiera hablar con Leon —dijo Koral a través de la rendija de la puerta.
—¿Y el que va contigo? No lo conozco —quiso saber el vigilante.
—Es un amigo. Necesita ayuda pa encontrar a una persona.
—Está bien. Entrad.
Así hicieron. El guardia cerró con pestillo y los acompañó al porche. Tras una ventanilla enrejada había un bigotudo sentado.
—Dejad todas vuestras posesiones en el mostrador, una por una —dijo. Otros dos guardias estaban atentos a cualquier señal de peligro.
Koral depositó una navaja y la llave inglesa que siempre llevaba encima. Jack, en cambio, tuvo que rellenar un formulario con todo lo que guardaba en la mochila y se la tendió al bigotudo. Dentro llevaba la munición que le había comprado al timador de la tienda de armas, un saquito de pólvora, el bote vacío de gasolina, una petaca con tequila, un botiquín y otras cosas que todo viajero necesitaba. Dejó también las escopetas, su daga, que llamaba Cruz, y un juego de tres cuchillos arrojadizos que colgaba del lado trasero del cinturón. Los guardias lo registraron por si llevaba algo más.
—Podéis pasar.
El palacio estaba construido con el mismo material que muchas casas del Arrabal, ladrillos de adobe, pero lucía límpido y elegante, como un oasis en medio de la podredumbre. Dejando atrás el salón principal, pasaron a la parte posterior y subieron unas escaleras. Al fondo de un pasillo había una mujer joven, quizás demasiado, guardando una puerta blindada de la que salía una deslumbrante luz a través del contorno del marco. Sus musculosos brazos agarraron a Koral y lo lanzaron a varios metros de distancia cuando el mecánico le puso la mano sobre su corto cabello castaño para acariciarlo.
—¡No vuelvas a tocarme! —bramó la joven poniéndose bien la cazadora vaquera, que se le había resbalado por debajo de sus desnudos hombros.
Un top blanco demasiado corto dejaba entrever la silueta de dos exagerados pechos que captaron toda la atención de Jack. Ya no recordaba la última vez que había estado con una mujer. El rostro adolescente de la joven hizo que el deseo y la lascivia se insinuaran en su entrepierna.
—No hacía falta que te pusieras así, Liz. —Koral se levantó. Siempre acababa en el suelo—. ¿Éste es el cariño que le muestras a tu antiguo noviete?
—Tú lo has dicho, eso ya pasó; y bien sabes por qué. Como me vuelvas a poner tus sucias manos encima te arranco la cabeza.
—Qué humor —musitó Jack sin quitarle el ojo a sus anchas caderas. La chica parecía ir en serio.
—Entendío —dijo Koral—. Y ¿qué tal estás?, ¿cómo te va por aquí?
—Te haces más el interesado que cuando estábamos juntos. En fin… Estoy de puta madre. Aquí me tratan muy bien, como a la mujer que soy. —Eso iba con segundas—. Y Leon… —Liz se sonrojó, con la mirada triste—. Leon es muy atento.
El mecánico se puso muy serio.
—¿Te…? —fue a decir.
—Pasad. —Liz abrió la puerta del despacho de Leon, dando a entender que no quería hablar de ello.
Jack se metió la mano en el pantalón para colocarse el bulto hacia arriba, pues le apretaba contra los huevos haciéndole daño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario