16 jun. 2014

DEN 2. 12-Un día muy largo

—Ni hablar, tú te quedas aquí. Ya hemos hablao de eso. —Koral levantó la verja del garaje.
—Bueno, si tanto insistes, no diré que no —dijo Jack—. Éste ha sido uno de los días más largos de mi vida...
—No lo jures.
—¿Y tienes cojones de quejarte tú? Te he salvado el culo y el negocio; has tenido un día demasiado productivo. Yo, en cambio, me he tirado toda la puta noche corriendo, con una herida, el jodido veneno corriéndome por las venas y una jauría de chuchos radiactivos mordiéndome los talones.
Jack paseó la mirada por el taller: una camioneta se sostenía precariamente sobre un elevador; mesas de trabajo se alineaban pegadas a las paredes; y sobre y bajo ellas había numerosas cajas de herramientas, neumáticos y trastos. Chatarra de todo tipo. Paneles con alicates, gatos, tenazas, sierras, cizallas, llaves, destornilladores, soldadores, martillos y una larga lista de instrumentos y materiales colgaban de ellos. Parecía mentira, pero era un taller bien decente.
—No he dormido más que un par de horas. Entre un medicucho, una gorda tendera, un armero manco y tú, me habéis sacado no menos de quince dens.
—Pero lo has recuperao tó. —Koral se hurgó los bolsillos del mono.
—Da igual. Además… —Jack se mareó—. Oh, ya no sé qué iba a decir. Es igual. ¿Dónde puedo echarme?
—Esa puerta de ahí. Está mi cama, duerme en ella. Yo me quedaré viendo la tele. —Koral encendió el televisor—. Me costó un buen dinero, ¿sabes? Me tiré meses ahorrando y encima me la vendieron rota.
Metió una cinta de vídeo en el televisor, cogió unas latas de cerveza de la nevera y se tumbó en el sofá.
—Me las tuve que apañar para hacerlo funcionar. Y estos vídeos… Es increíble la de cosas útiles que los ricachones de Metrópolis arrojan al Vertedero. ¿Jack?
Jack no escuchaba, estaba absorto en su nueva adquisición, encandilado. Comprobó el tamaño del cargador: siete cartuchos. Localizó, bajo el cañón, el hueco que indicaba que podía acoplársele una bayoneta. La empuñadura era la de una pistola, lo que le daría una mayor comodidad para usarla con una sola mano.
Comenzaron a cerrársele los ojos.
—¿Jack?
Los ronquidos llegaron al salón.

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